"´Ju-On´ es la maldición de una persona que murió con un fuerte rencor. Este rencor se acumula en el lugar donde la persona vivió y se vuelve su karma. Cualquiera que entre en contacto con esta maldición perderá su vida y una nueva maldición se formara."
Esa es la tarjeta introductoria para todas las películas Ju-On, y en verdad no es necesaria una mayor explicación. Empezando con un asesinato familiar, una serie de personajes se ven involucrados con aquella maldición, terminando en muertes y en la expansión de la misma.
(Ju-On: La anciana de blanco)
Este ejemplar de la familia Ju-On es bastante fiel a la doctrina de sus predecesoras, desglosando la película en segmentos y conectándolos entre si, sostenidos por el impacto de la maldición entre todas.
Aunque seria preferible pasar por las anteriores, La anciana de blanco es capas de defenderse por si sola. Con una hora de duración, varios sustos entretenidos y la percepción y psicología que hace famosa la saga, es posible verla y disfrutarla sin tener que darle muchas vueltas. Es una corta película de terror, y hay que tratarla como una de las hermanitas menores del grupo.
Sin arruinar muchos detalles, me atrevo a exponer lo que para mi fueron las cinco mejores cosas de la película. Algunas pueden parecer confusas o bastante corrientes, pero luego de ver la película es todo un nuevo contexto, lo que alimenta mas la curiosidad y popularidad del filme.
5. "Ya voy. Ahora estoy ocupada.”
El primer segmento toma lugar en una pasiva mañana, donde Fumiya Hagimoto, un repartidor de la repostería Nicolás llega a una tranquila y algo lúgubre casa en donde habían hecho un pedido, pero esta está cerrada y no muestra señales de vida, hasta que la puerta se abre lenta y misteriosamente. El deseo de la propina puede más que el instinto de conservación, y atrevidamente Fumiya decide entrar a la casa. Al mencionar su presencia en el interior, una amable mujer se asoma por al cocina, diciéndole que ira en un momento, y es ahí cuando la cosa se va por mal camino.
Un poco ansioso por la tardanza de la señora, Fumiya hace un nuevo llamado a la mujer, la cual se presenta con el mismo ademán, repitiendo las mismas palabras. Decidido a tener paciencia intenta esperar a que vengan y lo atiendan, sin embargo la mujer aparece por tercera vez diciendo exactamente las mismas palabras en el mismo tono y en la misma posición, y es en la cuarta ocasión en la que Fumiya logra darse cuenta que quizás algo malo esta pasando, y su mirada de creciente terror y pánico nos muestra su inevitable destino.

("Dame un momentico *TEEHEE* ")
Como era de esperarse, la escena de la mujer era un memento de lo ocurrido antes de que la maldición se hiciera cargo de la casa y de los que habitaban. Aunque luego Fumiya se encuentra con una moderada cantidad de sustos, son esas monótonas palabras repitiéndose una y otra vez (inclusive ocurren un par de veces mas) las que se entierran profundamente en la mente y enseñan la psicología que hay que esperar de Ju-On.
4. Sin lugar para los taxistas

Hay personajes que agradan desde el primer momento que aparecen en pantalla, como es el caso de Hajime Kashiwagi: Trabajador, honesto, humilde y esforzado en complacer y hacer feliz a su niña. Es ese personaje del cual tienes un sentimiento agridulce, pues su presencia te crea un extraño alivio y familiaridad, pero sabes que la naturaleza de la película lo pone en la lista de posibles cadáveres, así que solo puedes esperar lo peor.

Las malas noticias se reparten cuando recibe un anuncio de la estación central de taxis sobre unos policías que desean hacerles preguntas sobre un pasajero que había transportado el día anterior. Antes de ir decide limpiar una sustancia babosa que descubrió en el asiento trasero, donde el pasajero había reposado un bulto. El bulto reaparece misteriosamente y al abrirlo una pálida cabeza cercenada lo mira directamente a los ojos, marcando el fin de Hajime. Un personaje con corto tiempo de escena pero bastante apreciado. Una verdadera lastima
3. Detrás de todo gran hombre…

Después del trauma que paso en la casa, Fumiya es buscado inmediatamente en la estación de policía por su novia Chiho Tanemura, y déjenme decirles que esta chica es lo mas bonito (no solo físico) que ocurre en la película entera.
Con genuina preocupación y cariño, Chiho hace todo lo posible por sacar del trauma y el miedo a su alterada pareja, sacrificando sus planes de vacaciones de navidad, resignándose a su deseo de cortar el pastel juntos y tragándose el desaire que le causo la poca atención que le hace al regalo que tenia preparado para el. Aun así, esta dispuesta a seguir a su lado sin importar lo que pase. Un personaje muy humano y un respiro de alivio entre tanto rencor y muerte.
(Y si, también termina muerta)

(Fumiya, patan desconsiderado)
2. ¡Toshio!
Como ha demostrado el pasar del tiempo, la marca inconfundible de las Ju-On es indudablemente Kayako, la mujer victima del primer asesinato, con ropas ensangrentadas, un tenebroso y deforme andar, y un inconfundible gruñido desgarrador. En esta entrega, el espectro principal lo toma una anciana de ropas blancas (como el titulo lo indica), la cual logra desempeñar sus funciones sobrenaturales bastante bien para ser sincero, pero por un tiempo mantiene la duda de si esta es una nueva maldición, o si tiene algo que ver con los sucesos de las partes anteriores. Es la presencia de una criaturita familiar en la saga que responde a esta interrogante.
(¡Perrito!)
Toshio Saeki, hijo de Kayako y victima del nefasto asesinato inicial se hace presente, y en conjunto con la foto de su familia en un rincón de la casa y un reporte policial de lo ocurrido nos enseña que aquella es la casa donde la primera maldición había ocurrido. De acuerdo, para quien lleva seguimiento de la saga se torna un poco obvio que esa debe ser la misma casa, pero la aparición tan tranquila y casual del fantasma de Toshio no solo acentúa la tétrica verdad, sino que trae un pequeño vistazo y nostalgia a las películas posteriores. Eso es lo que se llama una breve aparición efectiva.
1. Masacre familiar
(Un asesino. En serio)
A medida que la película transcurre se mantiene en suspenso lo que ocurrió con la familia que se mudo a la casa, y es en el clímax donde todo se responde, en lo que es sin mucho esfuerzo la mejor parte de Ju-On: La anciana de blanco.
Luego de una serie de escenas un tanto perturbadoras nos deja explicado que Atsushi Isobe, el hijo mayor de los Isobe esta poseído por la maldición presente en la casa. Y es en una noche común y corriente donde se sube la demencia.
Bates, cuchillos, soga y gasolina. Atsushi no relaja con su negocio, y ahora mismo su negocio es convertir en cadáver a quien sea que se le ponga en su camino. Desde incendiar a su hermana y apuñalar a su madre, pasando por ahorcar a su abuela y destrozarle el cráneo a su padre, terminando en decapitar a su hermanita, es esta secuencia de horror y violencia, acompañada del inexpresivo rostro de Atsushi, el centro y alma de Ju-On. Con esto los segmentos se conectan, los eventos cobran sentido y el destino de los afectados queda firmado.